En mi familia (pequeña, pero intensa), hemos batallado con la salud de dos miembros. Tras un par de meses, tuvimos que afrontar la muerte de uno y a los diez días lidiamos con la complicada operación del otro. Durante aquellas semanas, me convertí en feligresa de San Murphy y le rogué por activa y por pasiva que no tuviésemos que estar en el tanatorio y el hospital al mismo tiempo, porque aquello hubiese sido para nota. Afortunadamente, nos dio diez días de margen. Un poco más y tenemos que desdoblarnos.

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